
La nueva jornada de Gissel Rascón
Por Manuel Llanes
La escultora mexicana Gissel Rascón está muy ocupada “alzando”. “Haciendo el aseo”, podrían decir otras personas. También alguien podría decir que desde hace unos meses Gissel Rascón es “la muchacha que me ayuda” o mejor dicho: la escultora que se ayuda —que se cuestiona a sí misma— por medio de su obra.
Su más reciente serie (que forma parte de su proyecto actualmente apoyado por el Fecas) se llama Ama de casa. El nombre se vuelve explícito en cuanto se conocen (o mejor dicho se reconocen) las piezas: las reelaboraciones de los objetos que, durante siglos, se han asociado a la figura de la mujer durante su jornada.
Si los empleados de limpieza forman parte de una conspiración global que consiste en tirar a la basura las instalaciones que se exhiben en los Museos de Arte Moderno, es hora de revertir esos curiosos accidentes por medio de una sencilla —y efectiva— metáfora: Gissel Rascón saca de su contexto común los instrumentos de la ama de casa (en su concepción tradicional), como el guante para los recipientes calientes, el paliacate para la cabeza, el mandil, los guantes de plástico, amarillos y rojos, así como el siempre útil balde con exprimidor, y les imprime un significado diferente.
¿Qué hace el guante que salva a las personas de las quemaduras, colocado en medio de un pequeño ring? Además, las cuerdas del ring han sido cambiadas por alambre de púas. Toda mujer ha sido sometida al popular interrogatorio: “¿Cuándo te casas?”, pero las cosas se complican cuando la mujer es artista o está en la búsqueda de su identidad como creadora: “¿Escultora?, ¡mejor ponte a limpiar la casa!”. Rascón Barceló ha emprendido otro tipo de limpieza, pero precisamente contra ciertas ideas y prejuicios. El trabajo doméstico es una tarea ardua, pero también es duro dedicarse a la escultura y no disponer de un espacio donde ésta sea reconocida y apreciada.
Así, la obra emprende un diálogo que puede ser enriquecedor: con los artistas, con las mujeres, con los hombres, con la llamada perspectiva de género, con la humanidad en general. La cosa es que vayan a ver la obra.
Obviamente hay riesgos: si la ironía de este juego que se llama Ama de casa descansa en la reconfiguración de los objetos que se asocian con la mujer ama de casa, se corre el riesgo de que las instalaciones de Rascón Barceló tengan que competir con la mixtura de esos productos, lo cual se antoja difícil, por los enormes recursos que poseen las compañías que los elaboran.
Al lado de objetos e imágenes más bien sencillos, es riesgoso agregar una instalación como “El llanto”, que si bien posee un impactante espejo hecho añicos, donde el espectador encontrará inevitable no verse reflejado, esa oscuridad más bien rivaliza contra el resto del trabajo, que no tiene esas pretensiones.
La idea de Ama de casa, es atractiva y todavía debe afinarse, aunque es evidente que la constante búsqueda de Rascón Barceló no da muestras de haberse interrumpido.
Por Manuel Llanes
La escultora mexicana Gissel Rascón está muy ocupada “alzando”. “Haciendo el aseo”, podrían decir otras personas. También alguien podría decir que desde hace unos meses Gissel Rascón es “la muchacha que me ayuda” o mejor dicho: la escultora que se ayuda —que se cuestiona a sí misma— por medio de su obra.
Su más reciente serie (que forma parte de su proyecto actualmente apoyado por el Fecas) se llama Ama de casa. El nombre se vuelve explícito en cuanto se conocen (o mejor dicho se reconocen) las piezas: las reelaboraciones de los objetos que, durante siglos, se han asociado a la figura de la mujer durante su jornada.
Si los empleados de limpieza forman parte de una conspiración global que consiste en tirar a la basura las instalaciones que se exhiben en los Museos de Arte Moderno, es hora de revertir esos curiosos accidentes por medio de una sencilla —y efectiva— metáfora: Gissel Rascón saca de su contexto común los instrumentos de la ama de casa (en su concepción tradicional), como el guante para los recipientes calientes, el paliacate para la cabeza, el mandil, los guantes de plástico, amarillos y rojos, así como el siempre útil balde con exprimidor, y les imprime un significado diferente.
¿Qué hace el guante que salva a las personas de las quemaduras, colocado en medio de un pequeño ring? Además, las cuerdas del ring han sido cambiadas por alambre de púas. Toda mujer ha sido sometida al popular interrogatorio: “¿Cuándo te casas?”, pero las cosas se complican cuando la mujer es artista o está en la búsqueda de su identidad como creadora: “¿Escultora?, ¡mejor ponte a limpiar la casa!”. Rascón Barceló ha emprendido otro tipo de limpieza, pero precisamente contra ciertas ideas y prejuicios. El trabajo doméstico es una tarea ardua, pero también es duro dedicarse a la escultura y no disponer de un espacio donde ésta sea reconocida y apreciada.
Así, la obra emprende un diálogo que puede ser enriquecedor: con los artistas, con las mujeres, con los hombres, con la llamada perspectiva de género, con la humanidad en general. La cosa es que vayan a ver la obra.
Obviamente hay riesgos: si la ironía de este juego que se llama Ama de casa descansa en la reconfiguración de los objetos que se asocian con la mujer ama de casa, se corre el riesgo de que las instalaciones de Rascón Barceló tengan que competir con la mixtura de esos productos, lo cual se antoja difícil, por los enormes recursos que poseen las compañías que los elaboran.
Al lado de objetos e imágenes más bien sencillos, es riesgoso agregar una instalación como “El llanto”, que si bien posee un impactante espejo hecho añicos, donde el espectador encontrará inevitable no verse reflejado, esa oscuridad más bien rivaliza contra el resto del trabajo, que no tiene esas pretensiones.
La idea de Ama de casa, es atractiva y todavía debe afinarse, aunque es evidente que la constante búsqueda de Rascón Barceló no da muestras de haberse interrumpido.